Coaching para la conciencia. Ya está bien de quejarse. La bofetada no es útil


Coaching para la conciencia.

Ya está bien de quejarse. La bofetada no es útil

 

       bofetada--644x362  El otro día hablando con unas mamis de los comportamientos de nuestros hijos, no lográbamos ponernos de acuerdo, pues algunas comentaban que los niños eran unos “Cabro…” (Perdón por la expresión), y hasta que no se demuestre lo contrario, son culpables de sus actos. Si es cierto, que son traviesos y a veces demuestran no tener respeto hacia nadie  ya sea en casa, en la calle o en el cole.

  Pero ¿y nosotros sus padres? ¿Hacemos algo al respecto o simplemente dándoles la educación que nosotros recibimos creemos que eso es suficiente? ¿Buscamos nuevos  recursos? O ¿nos acomodamos pensando que una bofetada a tiempo  nos solucionará la papeleta y nos convencemos de que así es como se aprende?

Un cachete suele ser un impulso de los padres, producto de la impotencia, la falta de control, o el cansancio

         La crianza es un tema muy polémico, cada uno quiere hacerlo lo mejor que sabe y puede y sus niños son los mejores…no son santos pero sí son los mejores y piensa que lo hacen bien, dentro de los tiempos que corren, hasta que llega un día en  ya no pueden con ellos y luego se quejan de que son unos ¡…! o que están demasiado protegidos o qué…

         Hoy en día esto son excusas pues está en nuestra manos  buscar o aprovechar los recursos que las escuelas o los grandes profesionales ofrecen para ayudarnos a  educar mejor a los hijos, pero  para los padres  supone una pérdida de tiempo y no se conciencian que la educación está cambiando y que nosotros también debemos formarnos.

         Todo requiere  tiempo y sacrificio, para llegar a ser mejores y educar a nuestros hijos en base a su inteligencia emocional pero no es fácil y eso supone un gran reto así como un importante sacrificio. Existen recursos para ello como asistir a talleres donde proporcionan herramientas para mejorar la comunicación con los hijos de forma gratuita, pero se ve que la gratuidad, no es importante, no sabemos valorar lo que tenemos.

3a41a8e224e696d1811ca9d9259ad143 Es muy cómodo decir, que los tiempos han cambiado y quedarse sentados. No estamos preparados y pensamos que un cachete a tiempo lo soluciona todo ya que eso mismo fue lo que a muchos nos enseñaron,  pero no se plantea qué las cosas cambian y hasta la forma de educar y formar tiene que adaptarse a los tiempos de ahora, los niños demandan otro tipo de atenciones, ya sea en casa o en el colegio.  Padres y madres nos enfrentamos a la tarea más difícil y apasionante de nuestras  vidas: educar seres humanos felices. Antes se decía hombres de provecho, ahora la preocupación por lo menos la mía  va más hacia derroteros más humanos y más íntimos: la felicidad, que sean adultos seguros, responsables, felices. Seres humanos íntegros y no frustrados.

 

         Muchos padres intentamos leer e informarnos para estar al día y conseguir hacerlo mejor aún si cabe, pero hay padres que aún piensan que los niños son seres manipuladores y caprichosos que se tiran al suelo si no consiguen lo que quieren. Estamos hablando de dos, tres, cuatro años, que es cuando comienzan a sentarse las bases en las relaciones paterno filiales. Parece que muchos padres ya han entendido por fin que los niños lloran con rabia porque no saben expresarse de otra manera, no controlan el lenguaje, muchísimo menos sus emociones. 

 

No son manipuladores, son ignorantes en el sentido menos insultante de la palabra. Lo ignoran todo porque son pequeños.

 

La bofetada no es útil

        roja-150x150 Muchos padres no pueden y al final pierden  la calma ante situaciones de sumo estrés como son las rabietas de los más pequeños o las malas contestaciones.  Lo que ellos no saben es que hacer eso, no perder la calma, es una victoria en sus relaciones de ahora, mañana y siempre. Por eso, la bofetada a tiempo no es útil, no es buena, agrede, física y emocionalmente al niño, como explica Olga F. Carmona, Psicóloga Clínica, experta en Psicopatología de la Infancia y la adolescencia por la Asociación de Medicina Psicosomática y Psicología Médica, codirectora de Psicología CEIBE y una de las expertas de la pedagogía blanca.

 

¿Pegar a los hijos es maltratarlos? Mucha gente justifica la educación con bofetadas con la famosa frase «una bofetada a tiempo…». Cuantas veces escucho esa frase.

—Primero habría que preguntarse: ¿Qué es a tiempo? ¿A tiempo de qué? ¿De quién? ¿Quién se está equivocando? ¿Quién no está haciendo lo que nosotros queremos que haga? ¿Quién nos grita? Porque en ese caso, cada vez que alguien (eso sí, a quien amemos profundamente) se equivoque y haga aquello que nos parece mal, o nos levante la voz, o nos contradiga, o no obedezca, por favor, les invito a que lo «maltraten a tiempo».

—No debe debatirse si no  que debe extinguirse.  Olga F. Carmona comenta que  de la misma manera que durante años estuvo socialmente bien visto en la cultura colectiva española que gritar o incluso dar una bofetada a tu mujer era lo normal y, hoy por hoy, quedan pocos que lo consideren lo normal, nuestra responsabilidad como profesionales, como padres y como seres humanos es trabajar (nunca nadie dijo que era difícil) para extinguir de nuestra cultura que cualquier forma de violencia sea válida.

— ¿Por qué?

—No es ético, no es moral y además, no funciona.

—Entonces, una bofetada no educa…

Los niños son personas…ponte es su lugar. Un cachete es violencia…dáselo a un adulto y observa que pasa… ¡imagínatelo!

         Si se lo damos a un adulto (la idea nos rechina, nos parece inconcebible) sería violencia. Si se lo damos a un niño… ¿no? Es más débil, más vulnerable, tiene menos información y somos su referente, su filtro, su mundo. Y su mundo no debe agredirle.

         Es penoso ¿no?…hasta se me revuelve el estómago de pensarlo, son seres indefensos, y les pegamos por que perdemos la paciencia con ellos.

 Es un espejismo doloroso

      descarga Sin embargo, hay padres que dicen que les funciona.

         Lo creen porque obtienen la conducta deseada, su objetivo, pero eso es un  espejismo, y un espejismo doloroso. Repetimos conductas que aprendimos sin pensar que pueden y están equivocadas.

         Lo que ese niño está haciendo es responder a unas expectativas por miedo, para evitar el golpe, no aprende nada acerca del porqué no debe hacer tal o cual cosa, además  a través del cachete interioriza que el cachete es válido (aunque duela) y lo repetirá para con otros en sus diferentes manifestaciones.

         El cachete al niño tiene otras presentaciones, es la ofensa a la pareja, es el abuso de poder del jefe… El niño, de aprender algo, aprende que la violencia es una herramienta válida, aunque sea sólo en algunas ocasiones de «baja intensidad». El aprendizaje de esta premisa, se ha interiorizado.

¿Realmente por qué lo hacen los padres?

         Suele ser producto de la impotencia, de la falta de control y de recursos, del cansancio, del bloqueo y también,  de haberlo recibido.

         Brota de nuestro interior, de los que nos enseñaron. Es verdad, a veces los niños nos llevan al límite, pero es  nuestra responsabilidad aprender a no reaccionar. Somos los adultos, somos los educadores. No somos otro niño que responde con igual pérdida de control. Debemos enseñarles modelos de conducta y para ellos debemos controlar nuestros impulsos.

          Si perdemos el control y agredimos, también le estamos dando un ejemplo, negativo y eso por desgracia, también ocurre en los colegios, hay muchos profesores que no saben escuchar a sus alumnos y atender sus nuevas demandas y pierden el control y abusan sobre su autoridad, no piden ayuda ni se reciclan. Tanto la educación como la forma de dar las clases han cambiado y si en ellas no se emplean las emociones difícilmente los niños van a atender y a aprender.

Se puede cambiar la conducta

         Claro, nadie dijo que fuera fácil, pero hay que querer y sobre todo concienciarse o ¿es que no te sientes mal después de darle un cachete o perder los nervios con tus hijos? Piénsalo un rato. ¿Cuáles son tus sentimientos y emociones después de gritar y de pegarle un cachete? ¿Acaso ha mejorado algo?

         La Psicóloga Olga F. Carmona nos invita a cambiar el paradigma con la siguiente pregunta ¿Qué tal si en vez de justificar mi agresión para no admitir mi falta de control o de recursos, me perdono y me comprometo a no volver a agredir a mis hijos? Si opto por lo segundo me estoy dando la oportunidad de cambiar sin fustigarme y a ellos la oportunidad de ser educados desde la conciencia.

¿Cuántas veces hemos escuchado o decimos  la expresión «A mí me pegaron alguna que otra bofetada y aquí estoy tan normal»?  No tengo ningún trauma

         ¿Quién serías tú de no haber recibido esos cachetes? Cuántas batallas internas, conscientes o no, has tenido que librar y cuánta energía has dedicado a eso, y cuántos de esos cachetes no se reflejan en tu trato hacia ti mismo y hacia los otros.

«Se demuestra que los niños que fueron tratados con bofetadas desarrollaron trastornos en la edad adulta»

          Hay estudios, sirva a modo de ejemplo un estudio de la Academia Americana de Pediatría, en el cual se obtuvieron datos de 34.000 personas adultas norteamericanas. Las conclusiones revelan que aquellas que fueron tratadas en su infancia con tratos tales como empujones, bofetadas, gritos, desarrollaron trastornos en la edad adulta. Con el tiempo, aquellos que recibieron un «cachete a tiempo» fueron más propensos (entre el 7% y el 4%) a conductas antisociales, dependencia emocional y paranoias.

         Los niños no son seres inferiores a los que hay que adiestrar: desde  la pedagogía, la psicología y otros campos que estudian el comportamiento humano nos llega información más que suficiente sobre las consecuencias de un modelo educativo a abolir, caduco, pernicioso, lesivo.

         Si como padres y educadores, tomamos caminos alternativos, basados en el respeto profundo y en el amor, nos haremos mejores personas en el intento y, con toda seguridad, ayudaremos a formar mejores seres humanos, no contribuyendo a cronificar un sistema impregnado de violencia.

       No debemos confundir firmeza con agresión. Podemos y debemos ser padres y educadores firmes, que establezcan un marco de juego conjunto y ofrezcan pautas, pero siempre desde la coherencia, la prevención, el respeto y la empatía. El “cachete” nunca es a tiempo.

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         Allá cada uno con sus pensamientos y sentimientos pero en ello está el querer crecer personalmente y ser cada vez mejores personas y sí, hay recursos para todos.

         Esta es mi opinión. Si te ha gustado este artículo déjame tu opinión abajo, y no olvides apuntarte a mi boletín semanal gratuito para recibir todas las novedades directamente en tu correo. Pincha aquí.

Tu Coach. Susi Nieto