SER ASERTIVO CONDICIONA TUS APRECIACIONES


SER ASERTIVO CONDICIONA TUS APRECIACIONES.

Una apreciación es una reflexión sobre un asunto. Aporta un valor añadido a dicho asunto a través de un argumento y dicho valor depende de la intención con que se ha formulado y de cómo la gestionamos al recibirla.

Aprecia lo que piensas, sientes y dices pues te puede ayudar en la toma de tus decisiones.

Cuántas veces hemos escuchado a alguien decirnos:

“No hagas eso, que al final lo estropeas”,

o “No preguntes más que se va a molestar”…

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¿Estamos acostumbrados a que los demás opinen por nosotros o dejamos que nos influyan?  No siempre es así si actúas con inteligencia y aplicas tu asertividad.

 Te explico: Tendemos a asociar dichas apreciaciones con una crítica en vez de una sugerencia de la que podemos aprender y la crítica la entendemos como una  ofensa, cuando no siempre es así y estamos muchas veces confundidos pues no sabemos  diferenciar críticas constructivas y críticas destructivas o bien no sabemos realizar de forma adecuada una apreciación positiva y la interpretamos de forma negativa creando malestar en nosotros o en quienes nos rodean.

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Estos juicios, apreciaciones o valoraciones que se hacen de las cosas o de alguien, se fundamenta en unos principios y creencias determinadas, adscritas al patrón mental de cada uno de nosotros. Según quien nos lo diga o cómo se nos diga, podemos tomarlo como algo positivo o negativo y la interpretación de dicha apreciación puede cambiar.  Lo mismo podemos pensar  que se dice por nuestro bien buscando una mejora personal, lo cual hace que aprendamos (juicio de valor constructivo) o bien podemos pensar que se nos dice como un menosprecio, como algo que causa daño o molestia o no está bien  (juicio de valor destructivo).

Todo ello condiciona nuestra vida, pues en base a como pensamos y gestionamos nuestras emociones, así actuamos, lo cual puede llevarnos por buen camino o dar vueltas sin parar e incluso ir hacia atrás.

Así que cuando escuchemos la apreciación de alguien tenemos que tener muy en cuenta:

  • Quien la dice
  • La intención con la que se dice.
  • Las palabras que se escogen.
  • La manera de decirlas.

No se trata de ir analizando continuamente todas las conversaciones, (con el tiempo y un buen entrenamiento captaremos enseguida la intención de la apreciación o juicio recibido) pero cuando se trata de tomar alguna decisión en algún aspecto importante de nuestra vida, no podemos dejarnos llevar por una mala gestión por no saber distinguir  estos cuatro puntos y sobre todo hay que saber que todo lo que nos haga crecer nos ayuda y todo aquello que nos paraliza y resulta negativo nos destruye.

Date permiso a proseguir y no permitas que una apreciación te condicione cuando sabes que el paso de después abre nuevas posibilidades en el camino  para crecer.

Pongamos varios ejemplos cotidianos a la hora de emitir apreciaciones de valor positivas o negativas:

  1. En el trabajo: un informe depende de un equipo de personas, y una de ellas siempre se demora en entregar su parte. Si quiero que no ocurra más, le diría: “¿te importaría entregar tu trabajo con más tiempo, así podemos revisarlo juntos y los demás podríamos ayudarte y llegaríamos a tiempo?”.Si saco mi lado desagradable creando malestar: “Te he dicho muchas veces que no tardes tanto en entregar tu trabajo, pues los demás no tenemos porque demorarnos por tu culpa” .
  2. En casa: Mi hijo al cambiarse de ropa, deja todo tirado, y armarios revueltos. Si quiero que no ocurra más, le diría: “¿te importaría recoger tu ropa y llevar la sucia al bombo, es que cuando entro en tu habitación me siento mal y creo que lo sabes hacer pero se te olvida, me equivoco?”. Si saco mi lado desagradable creando malestar: “Te he dicho muchas veces que eres….y siempre me sacas de quicio, porque no te educado así para que me trates así y trates así tu ropa” .

 

Como veis en el primer caso me controlo y evito ser impulsiva, y lo digo en un tono conciliador y de aprendizaje, así que seguramente en entendimiento será mutuo y la cosa quedará ahí. En el segundo caso se crea malestar, discusión…y un mal rato. Otra opción sería mantenernos pasivos y no hacer nada, lo cual no nos ayuda a crecer, al contrario, decrecemos cuando dejamos que lo demás pase delante de nuestros ojos y no somos capaces de argumentar nuestra opinión con una apreciación positiva o constructiva.

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¿Podemos aprender a juzgar sin ofender? La respuesta es sí. Y lo primero es ser conscientes de ello y practicar continuamente la asertividad.

Como estrategia y estilo de comunicación, la asertividad se sitúa en un punto intermedio entre otras dos conductas polares: la pasividad, que consiste en permitir que terceros decidan por nosotros, o pasen por alto nuestras ideas; y por otro lado la agresividad, que se presenta cuando no somos capaces de controlarnos y dejarnos influir de forma negativa, expresándonos o comunicándonos de forma agresiva.

¿Qué deberemos tener en cuenta?

  • Siempre que se pueda antes de realizar una apreciación hay que tener la información suficiente. Tendemos a apresurarnos y perder el control. Y a veces es bueno pararse para aclarar pensamientos y tomar la mejor o una de las mejores decisiones.
  • Debe quedar claro el aprecio. La persona tiene que percibir que se le dice a modo de mejora, y no por el hecho de ser corregido sin más.
  • Estar basada en el respeto. De forma reflexiva exponer la valía de la persona, pese a que no estemos de acuerdo con una determinada cuestión.
  • Expresarla en el momento adecuado. Debemos saber cuando esa persona está preparada para recibirla. Buscar un ambiente calmado siempre será una buena opción.
  • El tono con el que se exponga debe ser amigable. No se trata de imponer, sino de hacer ver al otro que puede que esté equivocado. Para ello es muy importante la entonación que utilizamos al transmitir el mensaje.
  • Estar planteada de manera coherente. Es mejor evitar divagaciones y dar mensajes claros.
  • Ser consecuentes con nuestra exposición. Lo que le critiquemos al otro no podemos estar haciéndolo nosotros por otro lado, hemos de ser coherentes.
  • El otro tiene derecho a réplica. Al igual que tenemos el derecho de opinar sobre algo con lo que no estamos de acuerdo, la otra persona lo tiene para contestar sobre tal juicio de valor.

Como ya he dicho esto se aprende y se entrena como todo hábito en la vida lo cual nos ayuda a crecer como personas facilitándonos el día a día y para ello hay que tener en cuenta una serie de factores para que nuestra reacción sea adecuada:

  • Nuestras experiencias previas.
  • La valoración que hacemos de nosotros mismos: autoestima.
  • El tipo de relación que tengamos con la persona que nos juzga.
  • Nuestra estado emocional de ese momento.
  • La intención que le damos a la persona que nos está valorando.
  • La interpretación que hagamos, a través del pensamiento, de la crítica.

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Por tanto, por muy destructiva que sea una apreciación, si yo no le doy importancia no la viviré como una ofensa. De la misma manera que por muy bien planteada y educada que esté una apreciación constructiva, si tengo una mala opinión de la persona que me la está diciendo si sentiré que me ofende.

Claves para crecer y sacar un resultado positivo de las apreciaciones recibidas:

  1. Reconocer que de todo se aprende, es esencial para que la experiencia sea lo más positiva posible. El no sentirlo un ataque lo hace todo más fácil.
  2. Hacer escucha activa. Escuchar no es solo oir.
  3. Sintonizar con nuestras emociones.Evitar sensaciones desagradables como la frustración, la vergüenza, el enojo e incluso la ira y tratar de mantener un diálogo interno constructivo que nos ayude a calmar la mente y desviar los pensamientos negativos recurrentes de una manera más saludable. Por ejemplo: me siento terriblemente mal con lo que me está diciendo, voy a mantener la calma y aprender de esta experiencia.
  4. Asumir la responsabilidad de nuestros actos. En toda relación hay una responsabilidad compartida, asumir eso hará que sintamos la opinión del otro como una parte más del proceso de crecimiento personal.
  5. No adoptar una actitud defensiva. Reconocer nuestras capacidades y limitaciones es lo que nos hará alcanzar el equilibrio emocional, nadie es perfecto y hay que perder el miedo a identificar aquellas partes de nosotros que no nos gustan.
  6. Filtrar nuestras creencias e incluso eliminarlas. Los filtros son creados por nuestros pensamientos, ideas y sentimientos.
    • A veces la ira solo nos permite escuchar lo que nos interesa: predilección
    • Otras veces, dependiendo de quién nos habla, escuchamos o no escuchamos: el de quién
    • Otras escuchamos los hechos y no atendemos al mensaje y su parte emocional: hechos
    • Por último, estamos tan distraídos que nos dejamos llevar por pensamientos negativos y no atendemos como deberíamos: distracción
  1. Exteriorizar lo que pensamos para que la otra persona nos pueda comprender mejor.
  2. Aplicar la asertividad.Es decir, hablar de lo que se piensa y siente, sin entrar en conductas sumisas ni reproches.
  3. Empatizar y mostrarnos sensibles a los sentimientos de la persona que nos habla.
  4. Redundar las afirmaciones de la otra persona. Esta técnica nos ayuda a verificar la interpretación que hacemos de lo que nos han dicho y evitamos malinterpretaciones
  5. Mostrarnos dispuestos a cambiar. Debemos hacer ver que hay una intención de mejora y que estamos dispuestos a trabajar porque así sea.
¡¡Tú puedes crear tu vida!!
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Susi Nieto, Fundadora de Coaching Pro
Facilitadora en cambios de desarrollo personal, negocio y Vida.

Blog Reinventate , Decidete y Aprende a desaprender

Web : www.mashorasaldia.com    www.asunnieto.es

 

 

 
 

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